El último miedo se echa por el amor perfecto, el vazgo caracteristico del cual es la sed de ofrecerse en holocausto.
Parece ser que la diferencia fundamental entre la espiritualidad cátara y la católica consiste en su reto con relación al miedo.
El miedo absoluto lleva hacia la santidad de rexmundsta
Entre los católicos prevalece el termino judío del “miedo absoluto” (irát Elohím), el transfondo para justificar la legislación juridica de Thora. El total miedo lleva hacia la santidad rexmundista. El sistema de prohibiciones destierra el pecado, y surge un hombre justo en el marco de la ley – “un pulcro”, “un santurrón”, un fariseo. En realidad, los cátaros enseñan que el miedo no libra denada. Y peor aun, arrincona el pecado en una trampa, y es sabido que una fiera atrapada es dos veces más peligrosa.
Para tener una praeba de ello, no es necesario buscar lejos. Cuánto rencor ha sido acumulado en los fariseos de tiempos del Segundo Templo, si a Cristo, al Buenísimo de los buenos, al Cordero de Sol, la indescreptible hermosura del Hijo de Dios – le han condenado a malvada ejecución! Chirriando de dientes, estaban bajo la Cruz. Y Él rezaba apasionad: “Padre Mío, perdónalos porque no saben lo que hacen.” - es decir, en terminos cátaros – no saben a quin veneran, estan ciegos y locos...
Trabaja con el miedo es la practica principal del príncipe de este mundo
Pablo fue el primero de los judíos que recuperó la visión: el miedo no llevá a la santidad. Un hombre obseso, y de pies a cabeza lleno de fobias, con prohibiciones y tabús, se transforma en un total neurótico, y un potencial instrumento del sistema totalitario.
Trabaja con el miedo es la practica principal del príncipe de este mundo . Atrapar el alma en el gancho ruin y pérfido del apego a la carne. Es una doble trampa, decian los bienaventurados cátaros encogiéndose de hombros. ¿Pero para qué asirse al cuerpo, si este está destinado a morir, a descomponerse, a la putrefacción y a las enfermedades? Es un absurdo, es una infructuosidad…
Para despertar el total y “perfecto” miedo (según la opinión de los “santos padres” lo único que lleva a la santidad) es necesario inculcar el miedo ante el castigo. En éllo se basa la teoría juridical . Solo que no se entiende como es que se ha de compaginar con la redención. ¿Si el pecado ya está redimido, para que hace falta el miedo? Según ellos la redención no libera de la responsabilidad y la culpa. Todo lo contrario, empeora la deuda ante Él ha redimido una vez.
“Este miedo a lo único que lleva es a la neurosis ” –decian los cátaros. Y la neurosis es peligrosa. El neurótico es una potencial caja explosiva: de él se puede esperar lo que sea, la violencia que sea, maldad y demencia que sea. ¿Acaso no es el señor maligno de este mundo, quien enganchar el hombre al miedo neurótico? ¿Acaso se puede conseguir mucho con el esclavo que teme al castigo? Con el neurótico se puede hacer lo que te antoje, manipularlo. Tal ser es doblemente despreciable, y es capaz de cometer peores delitos que un simple criminal.
“¡El miedo te lleva al arrepentimiento!” es lo que afirman los institucionalistas orientales y occidentales refiriéndose a sus santos, que habían de entregarse al perfecto miedo y total acecho de si mismos (así, en estos términos definían el discernimiento: la vigilancia de las cogitaciónes, la confeción cotidiana, el aprofundimiento constante en la “esfera interior, en las capas selladas del pecado”).
Es el enemigo que selló el hombre con el pecado. Y el descenso a la despensa pecaminosa es la multiplicación del pacto con Lucifer, no con Dios.
La imagen de los monjes de monasterio Raithe conlleva hacia el Gulag espiritual.
Según Juan Climaco, los santos del Raithe (monasterio) practican el miedo cotidiano. Lo único en que alcanzan la perfección es el miedo ante el tormento eterno. Dios no es simplemente terrible, sino Él Mas-terrible-de-los-terribles'el'terrible, y su santuario es Tremendo Tremendísimo Tremendorum. Hay que “invertirse al revés”, “abrir si mismo como una lata de conservas“ (es la terminologia de “sus” sabios)... Multiplicar los miedos agresivos que atacan como mosquitos, martirizar y macerar a si mismo. Y, al final, conseguir de mortificarse, convertendose en las cenizas vivas...
El modo de los monjes del monasterio Raithe que se amontonaron voluntariamente, para arrepentimiento, ante la máquina de las torturas, casi recuperando conciencia de los pecados, ello no conduce al Reino de Dios sino más bien al Gulag espiritual, al reino total de satanás. Este manual de inquisición bizantina ortodoxa parece ser más eficaz que el “Martillo de Brujas”, tratado inquisidor neo-aristotélico que nutriba los torturadores de los santos en el Medievo.
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La teoría jurídica echa el amor.
Sin airearse del miedo, para los creyentes Cristo queda sólo dentro la terminología juridica. La teoría jurídica echa el amor y el Cristo evangélico. El “diocesillo”, malintencionado y vengativo, discubre la subconciencia… ¡Precisamente es lo que no se debe hacer! – advertían los cátaros. Lo subconsciente está prohibido y es profanado para el moldear ilegítimo de Lucifer. Hay que cerrarlo y sellarlo para siempre. Los maestros cátaros sallaban, prohibían para siempre el potencial del pecado, pues es éste el universo interno del diablo (las consecuencias del moldeo del Demiurgo), y en cambio ellos revelaban la súperconciencia , el potencial del amor.
Con el potencial del amor y de la bondad, con la despensa de la auténtica espiritualidad, se adorna el hombre. El miedo “perfecto” de veinticuatro horas, el ideal del oficio inquisidor totalitario del Rex Mundi, perfectamente echa el amor (Dmitry Merezhkovski). No se puede amar lo que temes. No se puede temer y amar al mismo tiempo. Amar lo que temes es una especie de patología sadomasoquista.
El Dios malo augura los atormientos eternos, hace del cura un pastor malo.
Es vil el hombre que áctua según el miedo, el que asusta a su prójimo con las torturas y las penas. El Dios de ellos no es simplemente un malvado, sino un monstro, si al cristiano devoto institucional, le pone antes la alternativa: o atormientos en el presente (estrapada, hoguera, cadena perpetua confiscando los bienes y represión de los parentes hasta la tercera generación), o las torturas eternas.
Las torturas eternas despertan el arrepentimiento sólo a aquellos, los quienes tienen abiertos las puertas del arrepentimiento. Pero para los demás, ellas les multiplican las neurosis sádicas y masoquistas, incluso los traumas sexuales.
Dios para ellos – es el Inquisidor Eterno, que hace entrar al alma en la celda carcelaria terrenal. La creación está entrampada, está antes la única elección: atormentarse temporal o eternamente.
El neurotismo religioso es peligroso por su explosividad del rencor diabólico
De ninguna otra forma sino “horror evidente”, “calumnia monstruosa”, los cátaros definían asi a tal doctrina. Todo el mundo está reprimido por miedos. El hombre está helado, semiparalizado y desconcentrado.
La religiosidad institucional rexmundista conduce directamente hacia el totalitarismo estatal. En élla radica la causa de varios régimenes represivos, asi como las torturas en el URSS, en Phnom Penh o en China. El neurotismo religioso es peligroso por su explosividad del rencor diabólico. Sus consecuencias directas son los golpes de estado, los desvalijos incontrolables, los pogromos, las matanzas sangrientas, las guerras civiles y las revoluciones…
El “horror silencioso” (1) interior conduce hacia el terror atronador universal.
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El rexmundismo institucional conduce hacia el directo matrimonio con el diablo.
El sacerdocio formal institucional testimonia la inutilidad del miedo, no poniendo la santidad como su meta. “¡Licántropos! ¿¡De donde han venido todos!?” – quedaban perplejos los cátaros. ¿Si los cristianos tanto temen el castigo por el pecado, porque es que entre ellos florece la estafa, la glotonería, el parasitismo, la astucia y el sadismo? ¿Acaso el perseguidor puede obtener el Espiritu Santo?
El rexmundismo institucional (la identificación con el príncipe de este mundo, Rex mundi) conduce hacia el directo matrimonio con el diablo. El papa Benedicto XVI Ratzinger, que en sus mocedades se entusiasmaba con el fascismo, Pio XI, que simpatizaba a Hitler...
Los institucionales, los herederos del sanedrín, abren los portales de satanocracia – los primeros satanistas en la tierra...
El sistema cátaro del perfecionamento.
El temor ante el castigo, en realidad, conduce hacia el arrepentimiento. Pero esto solo es el primer grado. Tras el arrepentimiento (1) debe llegar el perdón de los pecados. Pues, Cristo enseñó: “traed dignos frutos del arrepentimeinto”. Los judíos se arrepentían, pero no obtenían ningún fruto de su arrepentimiento.
Y así, el segundo grado, según la enseñanza cátara, es el perdón de los pecados. Sin él es inútil y en vano la santidad. Los pecados se perdonan no sólo con el arrepentimiento, sino con metanoya , el cambio del ser interior, (2) con el deseo de vivir sin pecado y (3) arrancando la misma raíz de la maldición, del inicio viciado. Y no es posible encontrarlo y eliminarlo sin (4) la recuperación más profunda: el diablo realizó su socavación sedicente, el moldeo prohibido del hombre interior.
El pérfido escultor descubría lo recondito de los recónditos del alma, lo marcó con su excremento ratero y lo selló con sus sellos. Ellos áctuan hasta el día de hoy en los cofrecitos arcanos interiores del hombre, haciendo de él un ser doble. Para el hombre exterior hay una “ley”. Y para el interior está el disturbio, arbitraedad y la curación de las neurosis por medio del deleite, de la violencia, del miedo total etc.
La espiritualidad cátara insistía en lo contrario: excluía y echaba el miedo, liberaba una lucha contra él. El perfecto se consideraba uno en quien el miedo era completamente echado. Tomando el voto del Consolamentum (de la obtención del Espíritu Santo) el que se iba consagrando prometía no temer ni la pena de muerte, ni las torturas, ni nada. Uno de los miles de consuelos del Espíritu Santo libera al acosado del espionaje total interior de las cogitaciones y fobías (como es el hombre típico medio en los marcos del “ojo perseguidor” rexmundista).
El perfecto amor echa el miedo.
“El perfecto amor echa el miedo”, y al Perfecto le conviene el trono interior del amor. El voto del amor prestado por él es inviolable. El Perfecto – es la torre, la fortaleza del Señor, y nadie está con capacidad de vencerlo.
Los cátaros lo mostraron intrépidos ante las hogueras y las torturas. Más de medio siglo continuaban las persecuciones crueles. ¡Cuántas torturas malvadas conseguían inventar los inquisidores! Pero el número de fieles y Perfectos sólo aumentaba. Nunca antes se había visto tanto heroísmo y fortaleza espirituales, como que era en la iglesia cátara.
Y asi, el sistema cátaro del perfeccionamiento suponía el arrepentimiento como el primer grado a superar. Seguidamente estaba el perdón de los pecados. Ello es posible solo estando en el seno de la Auténtica Iglesia , teniendo ante los ojos el modelo de la perfecta santidad (el anciano espiritual). Luego vine una celosa metanoia, la aspiración del renacimiento interior (3) y finalmente, el expulsión del mismo inicio de pecado y lujuria a través de la renuncia al demiurgo interior y su moldeo maldito.
La devoción a la Purísima Virgen – es la remoldeación del hombre interior.
Los santos cataros no se cansaban de impartir sobre los tres moldeos. El primero – es cumplido por el Altísimo, en los Cielos. El segundo – es el prohibido, el que hizo el diablo al crear los vasos “de agua” y “de barro” (cuerpo físico y cuerpos subtiles). El tercero moldeo, es lo que nuevamente se realiza por Cristo, en los atuendos virginales de la Madre de Dios.
Bendito sea el coronado, el vencedor del “miedo interior”
Y así, el amor debe hacerse perfecto para echar el miedo (el embrollo de Lucifer), la paz – hacerse perfecta para que moriría el príncipe de este mundo , la hermosura – hacerse perfecta para que moriría la lujuria con sus canales sublimados, la bondad – hacerse perfecta, es decir que excluye el mal, la violencía, la lascivia, la explotación del prójimo...
Morir de amor. Morir a lo cátaro, para luego volver a la vida. Son cuatro, las pequeñas metanoias cátaras (el amor, la paz, la hermosura y la bondad), son ellas las que nos conducen al nuevo nacimiento en el reino cátaro de los Perfectos. El amor echa el miedo y hace el ojo un de lampara, un instrumento perfecto del Altísimo, el maligno no puede ganchar con sus viles y perfidas cogitaciones, fobias, miedos, espionaje – sus ganchos se vuelven inútiles. Bendito sea el coronado, el vencedor del “miedo interior”.
El miedo es el lenguaje característico del príncipe de este mundo.
El miedo es el lenguaje característico d el príncipe de este mundo (Gilberto de Castre). Rex necesita de un sistema de total temor y esclavitud, para que pueda mantener el alma en sus garras y prohibirle la posibilidad de salida del calabozo terrenal. En compensa de ello él propone sus deleites malditos, presentándolos como los logros perfectos: no necesitais de nada más, ¡alegrad y jubilad en las redes de pecado y lujuria! ¡Glorificad a mi, a vuestro diocesillo comfortable que hace dichosos la vida y, parcialmente, la muerte (en condición de anestesia y eutanasia)!
Pero es que Rex ladra . El miedo ante la muerte, el miedo ante el castigo, el miedo ante el golpe, el miedo de ser cautivado en la trampa, de ser atormentado hasta la muerte. Al final, el miedo ante el presente, ante el futuro, ante el prójimo, ante el sistema, ante el estado, ante el ejército, ante el sufrimiento, la enfermedad… El sistema total de timores dona su propio “aseguramiento”, la “segurdad social” de Lucifer, transformando finalmente la creación en la marioneta en los manos del militarista belicista Rex mundi.
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Buscad pues el perfecto amor, y el temor se quitará definitivamente.
Los cátaros estaban contra los perros ladrantes, los “Domini canis”, que enseñaban los dientes a los parroquianos desde los muros de piedra de sus catedrales (la arquitectura de los templos medievales con las figuras esculpturales de los perros rencorosos distintos).
La santidad se alcanza con el anhelo a la perfección y con la total negación de la esfera del Rex mundi, – enseñaban los cátaros, – era la expulsión de los temores bajo la dirección de los sabios, la sobriedad espiritual.
¡Oh, nuestro Señor es infinitamente bondadoso y sana de los miedos! Sólo el amor sana al hombre. El miedo le impide volverse el hijo del amor. El miedo hace el hombre un pequeño dictator totalitario interior, el totalitarismo penetra hasta la familia. El tata – es un pequeño dictator, un Juan Terrible familiar en miniatura. La mamá – es una pequeña maquina totalitaria social y, en parte, la defensa contra el “domostroi” (2) paternal.
Buscad pues el perfecto amor, y el temor se quitará definitivamente.
- ¿Cómo, cómo podemos hacernos Perfectos como sois vosotros? ¿Donde está el secreto de vuestros logros espirituales?
- Nuestro querido Señor, maldito por los fariseos y crucificado por los pastores malos, nos ha hecho tales. ¡Aceptad el Padre del perfecto y vírgen amor, el Padre de la bondad indicible y del corazón generosísimo! Y será Él que os envuelvera en los atuendos virginales y no os hara simplemente Perfectos, sino Perfectísimos de los perfectos.
Y seguían los pasos de los cataros, y alcanzaban las beatitudes no terrenales, y en sus corazones se dejaba oír las voces: “beatos, beatos, beatos”. El numero de estas beatitudes ya no coincidía al numero de los miedos sellados y multiplicados en la inconciencia, sino al numero de las recuperaciones y iluminaciones del Espíritu Santo, las cuales eran incontables. El voto y el sacramento que le acompañaba, misterio del Consolamentum, conducían a la cotidiana intuición y consuelo del Espíritu Santo. A Él, Los cataros lo buscaban impacientes. Y al encontrarlo se calmaban a los brazos Paternales…
Alegoría del buen pastor
Alegoría del Buen Pastor – es la parábola cátara del Salvador de Sus días terrenales, alegado en el Evangelio de San Juan (Capítulo 10).
“De cierto os digo: El que no entra por la puerta (la puerta del amor) en el redil Paternal, sino que sube por otra parte (a través de cerca), ése es ladrón y salteador.” (10:1).
Quien sube por otra parte – alimenta el rebaño con algo aparte del interminable divino amor. Trabaja por encima del miedo, asusta. Tal sacerdote es ladrón: hurta a Dios, al rebaño y, al final, a si mismo. Quien entra por la puerta del amor y quien introduce por ella es el buen pastor, el verdadero pastor para las ovejas que desean saborear en los pastaderos abundantes del amor.
“A éste abre el portero”.(10:3) El ángel del Église d'Amour cátara abre a él, y los pastados oyen la voz de su Pastor.
“Y a sus ovejas llama por nombre, y las saca”. Llama por nombre, nombrado por el Altísimo, y no por el príncipe de este mundo, y sacales de la esclavitud del principe de las tinieblas. Llama a sus propias ovejas (en el original griego: idia probata , es decir, llama a las suyas, a las de Dios) por el nombre espiritual.
“Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas”. Cuando todas las suyas ( idia panta ) ha sacado fuera del redil, va delante de ellas – el Rey amundano; y las ovejas dócilmente Le siguen, porque conocen Su voz dulcísima.
“Mas al extraño no seguirán, sino huirán de él” (10:5). No siguen al extraño al amor, huyen de él, no deseando conocer las voces ajenos.
El Rey de la bondad perfecta
“Esta alegoría les dijo Jesús; pero ellos no entendieron qué era lo que les decía” (10:6). Los judíos y discípulos no entendían nada. Los portales del amor son cerrados para ellos. En el original griego – egnwsan tina hn a elalei autoiV : “ignoraban”, no reconocían el sentido de lo que Él les decia. La voz del Pastor bueno ha quedado fuera de los limites de su conciencia y sus búsquedas espirituales, ha resonado entre los extraños.
Entonces de nuevo, insistiendo, Él dice a ellos (10:7): “De cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas” ( egw eimi h qura twn probatwn ) , el Rey de la bondad perfecta. “Todos los que antes de Mí vinieron (el Salvador sobreentiende los maestros judíos de la fe legista), ladrones ( kleptai ) son y salteadores. Pero no los oyeron las ovejas” – porque enseñaron lo que no se debe. Los ladrones hurtaban el amor, los salteadores trabajaban por encima el miedo. Pero no los seguían las ovejas: las instituciones tenian un fiasco.
“Yo (el Amor Perfecto) soy la puerta. El que entrare por Mis puertas, las puertas del perfecto amor, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos abundantes” (10:9). Pero el ladrón ( kleptos ), en lugar de la fe provoca la cleptomanía. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar (sacrificar) y destruir. Yo he venido para que tengan vida sobresaliente” ( zwhn ecwsin kai perisson - “que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” – la que sale fuera los marcos terrenales), la vida en el amor.
“Yo soy el buen Pastor, y Mis ovejas son buenas. Yo hablo con Mis ovjeas en el lenguaje del amor. El signo del buen pastor es lo que él su vida da por sus ovejas. Mas el que no es de Mi espíritu, asalariado – no es el pastor, de quien no son propias las ovejas. Ve venir al lobo (el príncipe de este mundo) y deja las ovejas al destrozamiento. A modo vil huye, y el lobo (el diosecillo malo de los oficios eclesiasticos) arrebata las ovejas y las desfalca interiormente, las dispersa. Así que las ovejas huyen (la inevitable desgregación de los oficios). El asalariado (el mal pastor que trabaja por dinero) no ama, y no le importan las ovejas. E Yo – soy el buen Pastor ( egw eimi o poimhn o kaloV ). Y también tengo otras ovejas, que no son de este redil, aquéllas también traeré al Padre. Me ama el Padre y Yo le amo al Padre...” (10:11-17).
La puerta del amor
El buen Pastor, el Señor nunca habla el lenguaje del mal, no asusta las ovejas. Una sola puerta que les abre de par en par – la puerta del amor. Y los demás, les llama ladrones (los que hurtan la fe) y salteadores (que actuan a modos prohibidos).
Tales son todos los oficios fariseos, los ilegales espirituales, que penetran “por otra parte”. La verdad terrible del mal pastor – es lo que no hay amor en él. El bueno ofrece a si mismo en el sacrificio, pero el malo es el cobarde mismo, y viendo el lobo (el diablo) huye fuera. El pastor verdadero trae a los pastaderos abundantes (las esferas del Reino). El asalariado pues guía por los prados con la hierba marchita y ramoneada por las otras ovejas, y el rebaño malnutrido se despersa...
Entonces, los pastores males – son los distructores de las obras de Dios, y malditos desde los siglos de los siglos son sus oficios. ¡Pues, beatos son aquellos quienes entran por la puerta del amor! Los pastores buenos tienen ovejas nutridas y buenas, y la gente feliz. Con los pastores buenos llega la era mesianística del Reino milenario de Cristo.
Los cátaros no cansaban desenmascarar los legados y curas católicos por su mal pastorado: siendo ladrones y salteadores, definitivamente asustan y agotan su rebaño, y es la gente que se despersa de ellos. Pero a los pastores buenos, que no sanan con los miedo sino con el amor, recurren, se calman en sus pastos y hacen caricias a los pies de sus buenos y lúcidos maestros perfectos...
Los pastores
Los buenos pastores reinaban entre los Perfectos cátaros y el pueblo los seguían. Los buenos pastores se reclutaban de los Hombres Buenos ( bon homes ).
El ultimo temor se echa con el amor perfecto
¿Cómo es que el amor perfecto echa el miedo? El miedo está vinculado con el miedo ante la muerte. Y es a ella precisamente a la que no se tiene que temer, ya que ella es la que libera al hombre de los cadenas del moldeo de la arcilla del príncipe de este siglo. No hay que temer nada, ni al Diablo (carece de fuerza), ni el pecado (vale la pena olvidarse de él; el pecado desaparece al entrar en funcionamiento el principio de la inmaculadez original)
Pero el último miedo se echa con el amor perfecto, a éste amor le es innato el incondicional anhelo de entregarse en sacrificio.
Si el miedo esta vinculado con el temor de perder el alma, la carne o morir, pues el perfecto amor está vinculado con el anhelo de difundir en el prójimo, diluirse en él. Es la vela del Aposento Nupcial encendida en el corazón ungido, que conduce a la imagen del pastor-cordero. El razgo característico de el es que “da su vida por sus ovejas” (10:11).
“Así como el Padre Me conoce, Yo conozco al Padre; y así como el Padre pone Su vida por las ovejas, Yo también le pongo la MIA por Mis ovejas” (Juan 10:15).
1 Literalmente: la expresión rusa figurada para la maxima expresión del horror.
2 “Domostroi” (lit. Arreglo de la casa )- tratado de moral y economía doméstica en la Rusia antigua. La más conocida versión es de los tiempos del zar Juan Terrible (XVI s.).. Comp.: “Castiga tu hijo en sus mocedades, y te calmará en tu vejez, y dará la hermosura a tu alma... Amando a tu hijo, frecuenta sus heridas – y después no dejarás de alabar a él.”