Al llegar a Montsegur, nos acercamos a la montaña de las alturas indecibles de Cristo.
Eran 12 los custodios secretos del Cáliz que sabían de Grial. Sus nombres se mantenían en secreto. Ellos desaparecían esfumando junto con el Cáliz en el más allá. Y cuando era necesario volvían a aparecer...
Aparte de los 12 custodios el Cáliz que eran indicados en orden jerárcico sobre la pantalla blanca del Grial (1), había más de mil perfectos de Languedoc, de Lombardia, de Occitania y de Provenza y de otras provincias mayores de Europa del sur que místicamente saboreaban del Cáliz (las revelaciones de Garabandal y Heroldsbach (2) lo llaman “la comunión mistica”, sin la hostia cardenalicia obligatoria). Los demás tenían una idea vaga de este acontecimiento, no más.
Los obispos (3) se daban cita dos veces al año en Montsegur. Cristo llegaba a ellos con el Cáliz del Grial en las manos y les nutriba.
El Grial extendía a su alrededor unos círculos de amor, como si fueran las olas de un mar de luces, encendiendo a su alrededor miles de pequeñas velas. Ellos mismos buscaban los corazones puros de los Cátaros, y luego, en aquellos que ya tenían en se las velas imprimidas, se encendía el amor celestial. Sus rostros se iluminaban. Y ya no podían pensar en nada más pero sólo en el amor perfecto. Hablaban sólo del amor que no existe ni en la tierra ni en los cielos.
Ello era la dulcísima sinfonía del Reino. Era la música del amor que sonaba en el centro de Europa hace más de dos siglos.
Para entrar en la luz oceánica del Grial era necesario que la persona se encontraba en el pakibytie virginal y extatico, es decir en una elevación particular que es el don de los Perfectos.
El Grial se manifestó en Montsegur en forma de un castillo regio... Conducía a los cristianos como a los judios: la nube de fuego en la noche y la de luz en el dia. El Señor llegaba y presenciaba. Pero no como en los dias terrenales (visiblemente), sino reinando interiormente, en los corazones, elevando Sus hijos al reino del Grial.
Eran interminables las vigilias nocturnas, las unciones, las conversaciones misteriosas, armonias inexplicables que alegraban dulcemente a Sus discípulos. Lo que no habia podido lograr en Sus días terrenales, anunciaba a ellos… Y la Montaña de Ruiseñor soplaba aromas más fragantes del Matrimonio Divino (4).
La confesión de los cátaros
¡Oh, Santo Dios, que interminable, eterna y ultraexistencional era la confesión de los Cátaros!
Primeramente, como enseñaban los puros, debía revelarse en la mente la imagen de la Divinidad – del Buenísimo de los buenos, del Perfectísimo de los perfectos, del Santísimo de los santos y del más Amante de los que aman – del Padre del indecible amor (es así como Lo llamerán los Cátaros, pasados cinco siglos, al llegar al archipiélago atómico comunista a Serafin el Enternecido y a sus discípulos, que han arrastrado la Santa Rusia a su trasfiguración antes de la santa Francia.
Después de haber juntado la imagen del Dulcísimo Padre Amante de los cielos en la mente del comulgante de los misterios altos, los padres del Grial formaban, en conformidad del semblante del Altísimo, la imagen de Dios en el hombre: el hombre bueno (y en alturas del Grial se manifesta como el Buenísimo de los buenos), capaz de entrar en el Sancto Sanctorum, todopiedoso, omnivirginal... En el lenjuage convenido de los concilios cátaros la imagen del hombre de Dios se le denominaba “bon home”, “hombre bueno”, el corderito inocente, ajeno a las pasiones terrenales, perfectamente cambiado, purificado, aquel que ha pasado las escaleras de la transfiguración de 15 peldaños, que constantemente trabaja para formarse.
Era el diálogo interno con Cristo, la permanencia ante Él y la interlocución con el Cáliz, que los padres exigían de los iniciados. Cuanto a los neófitos, les exigían, imprimendo en su corazón la vela del amor hacia el Altísimo (albí), el llanto incesante del arrepentimiento... pero no confrontando el miedo sino el amor. Así la naturaleza vetusta del hombre debe ser quemada al “fuego inquisidor” del propio interior. El alma trata de saber lo más recóndito de sus secretos y sin piedad reduce a cenizas la naturaleza del pecado.
El Santo Grial los alimentaba con las imagenes desde el elevado. El Santo Grial extendía la perfecta sabiduría. Desaparecía la necesidad de manuales o de breviarios. El Santo Grial llenaba con fragancia a Montsegur y a sus comulgantes por toda la tierra. El Santo Grial reinó en el mundo edificando la solar teocivilización que mantenía firme en el centro de Europa más que por dos siglos y contaba con millones de súbditos fieles.
La escalera de ascenso
La escalera de ascenso suponía peldaños: el de los predicadores (1), el de los iniciados (2), el de los ungidos (3), el de los Perfectos y por fín el de los Custodios (5). En las alcobas internas del Grial se deferencían servidores, senescales y reyes-ungidos.
El atmosfera del amor virginal, como la dulcísima música del Reino no dejaba los visitantes de Montsegur. Muchos de ellos mantenían los signos de la vocación para continuar el ascenso: el castillo ascende al Cielo y en su ora desciende a la tierra.
Sin embargo, la bondad sobrenatural se alcanzaba no solamente con el carisma o bajo la acción de los rayos divinos del Sagrado Grial, sino se suponía también un trabajo continuo para formarse.
El Grial formaba un ser humano nuevo, puro; una familia nueva, pura. Formaba, a imagen del matrimonio celestial del Novio y la Novia, una familia teogámica de los Perfectos, los que están en el Espíritu Santo y viven en el pakibytie, los mirroungidos (ungidos por la destra del Altísimo con compuestos mírricos). Formaba el nuevo ideal – de la divinización y las nuovas comunidades – de los castos.
El hombre del Grial caminaba transubstancionado, el cuerpo en la tierra y el espíritu en los Cielos, ugualmente al ángel descendido desde el Reino. Los demás tenían tanto dominio de sí que podían por lungo tiempo salir en las tierras sagradas del Grial (el Jerusalén celestial) y volver cada vez que era necesario.
Se instruían no tanto ponendose a leer al pupitre scolar o a la pizarra estudiantil sino en la santitad del projimo de cada uno. La Sagrada bondad del Cáliz y la creación del nuevo hombre se transmitía de uno a otro. Era imposible no imitar esta perfección. Ella conquistaba con su espiritualidad. La bondad se manifestaba por si sóla. Desaparecían las intenciones chabacanas, las bajas pasiones, las calamitas gentilicias y los programas fatales (aquellas mismas “superficialidades”, es decir los «clippot», es así como las llamaban los místicos medievales).
El Reino de Dios fué edificado en la tierra. Una gran utopía mesianística.
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La música cátara bicentenaria del Reino
No ha dejado de sonar los 200 años de música cátara del Reino. No, hasta el dia de hoy esta música se pone en los corazones de millones como una utopía perfecta. No hubo un pensador notable (ni el ejecutado ex-canciller inglés Thomas More, ni Voltaire, ni Serafin Romanov) que no se haya visto comprometido con el ideal perfecto del Reino mesianístico del Grial.
Su música es indeleble. Ella sona hasta el día de hoy en los corazones de los habitantes de la tierra. Es por último que ella se transubstancionará en un ideal real y actual de la civilización 85 de los iluminados y los elevadísimos de mente.
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El generoso Grial
La gloria de Montsegur se dispersó por toda la tierra por una más razón: una inmensa cuantidad de los casos, cuando por modo milagroso se areglaban varias circumstancias.
El Cáliz representaba la bondad del Altísimo, podía pensar que nunca antes sentida, incluso desde el pecado original de los primeros padres. Si la Sabiduría Divina lo consideraba, élla concedía a los necesitados generosamente y aun más que así, mil años por adelante. Daba lo que el hombre no podía sospechar. ¡Oh, si él hubiera visto, de qué pozo potencial de los donos del Altísimo posee!
El rayo del Grial penetraba en el interior (las profundidades extremas del alma) de los simples peregrinos, anhelantes y sedientos. El propósito de la llegada a Montsegur era, en diferente medida, el deseo inconsciente de alcanzar el perfeccionamiento. Los donos derramaban casi desde cuerno de la abundancia. El generoso Grial daba ante todo lo que buscaba el hombre para mitigar su necesidades cotidianas. “Danos hoy nuestro pan de cada día” es lo que sonaba en los aires del milagroso país.
Es precisamente este país que fué el Reino de Dios en la tierra. El Grial formaba los bellísimos de los bellos, perfectísimos de los perfectos (imagen de la virgen del Cáliz). El hombre se revelaba en la milagrosa formación escultural del Altísimo, en una beldad meravillosa, ultraterrena y sobreangelical.
Es la gloria de los santos de Montsegur, del castillo milagroso, de las transfiguraciones actuales, de las metanoias, de los cambios, de las sanaciones interiores y exteriores, de las 12 fuentes vivificantes que brotaban alrededor de Monsegur que retumbaba en toda la tierra En el Grial se daban cita cientos de miles de peregrinos.
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Los cátaros anhelaban repetir la hazaña de Cristo. Anhelaban entrar en el fuego. Eran pocos los que entendían “¡Tengo sed! (¡Deseo!)” de Cristo. Era necesario más y más comunión desde las fuentes indecibles del supremo amor de las supremas Fuentes del amor, encendimiento del Cáliz hasta el arbusto ardiente interior, para decir: “Anhelo bautizarme con el bautismo de fuego y entrar en el fuego. (5)”
Fueron 190 los Perfectos de Montsegur, no deseando entrar en el dialogo con los verdugos, les exigieron que los llevasen al fuego: ¡es el segundo Gólgota Cátaro!
Cristo ascendió hacia la horrible montaña de los cerebros en las afueras de Jerusalén, no para “redimir”, “pagar una deuda” etc… (los Cátaros consideraban estas esplicaciones como fingimiento jurídico), sino por razon que él no podia dejar de hacerlo. Es que la vela de fuego se encendía en Su corazon. El amor superaba el dolor, vencía el miedo. La extasis del supremo amor les hacía inmortales e invencibles, esto justamente significaba para ellos la perfección. Lo más alto del Consolamentum (6) (¿Oh, acaso alguno de los cátaros lo podía sospechar?) fué quemarse en el fuego del amor supremo, resucitar como el ave Fénix en cuerpos eternos y llevar el Reino de los Cielos a la tierra, volviéndose el candil del Dios del amor.
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¡Con que vehemencia se entregaban los Cátaros al arrepentimiento! No era por temor a los castigos infernales. En su corazón se ha grabado el ideal perfecto del hombre bueno. Exortaba más que el miedo de las torturas eternas. Este ideal transformaba el esclavo de las pasiones en un esclavo de la Sabiduría y de la bondad sobrecelestial.
La Sagrada bondad de Montsegur de origen celestial, procedente de fuentes sobrecelestiales, literalmente se desolvía en los corazones de los peregrinos y se extendía instantáneamente por toda la tierra como un ideal del nuevo hombre, inmaculado y puro.
¡Qué felices que eran! Por fin ellos hallaban la familia, la paz y la tranquilidad. Por fin en ellos actua un nuevo inicio además del pecado maldito. Por fin no estan ningunas denuncias, soplones, formalidades, racionalismo. Es el amor que ha llegado a reinar en todas las partes.
(1)Sobre la superficie extierna del Caliz, sus lados, salía la pantalla mistica sobre el cual aparecían las escrituras y imagenes misteriosos, contemplados por los custodios del Grial. A tal modo, la Sabiduría Divina revelaba el Libro de la vida y los destinos de la humanidad.
(2)Las revelaciones de Garabandal y Heroldsbach – los sitios de las apariciones significantes de la Virgen María en el siglo XX, rechazados por el Vaticano.
San Sebastiano de Garabandal – el pueblo en Cantabria, donde la Virgen en años 1961-65 dio sus profecias apocalipticas sobre el Gran Milagro de la transfiguración del mundo. Heroldsbach – pueblo en Alemania, donde en 1949 la Virgen hablaba de la consacraciones de naciones y paises enteros a Su Corazon Inmaculado.
(3)Los obispos cátaros - el titulo es condicional, convalente a la comprension humana de la jerarquía espiritual, el termino utilizado por los historiadores. Es importante notar que los Cátaros constuían su jerarquia con el Grial, en conformidad de la escalera del perfeccionamiento espiritual.
(4)Montaña del Ruiseñor – el lugar donde la Santísima Virgen permanencía durante 15 años después la Ascensión del Señor hasta el tiempo de Dormición, experimentando el derrame incesante del amor del Salvador desde las esferas altísimas del Aposento Nupcial, de la Sagrada Teogamía. Hoy el día es el lugar de la revelaciones al beato Yohann sobre la venidera Teocivilización y la humanidad nueva.